Jumanji

Jumanji

 

El problema

Hace un par de semanas me topé con un post en Facebook dónde una persona se quejaba de la mala vista que tenía un restaurante en un destino mexicano y criticaba por esa razón a ese pueblo (cuyo nombre no diré), que de hecho, se caracteriza por tener una vista impresionante.

 

Independientemente de si esta persona tenía razón o no, el post capturó mi atención y le estuve siguiendo la pista durante varios días. Si no mal recuerdo, tuvo aproximadamente 100 comentarios, de los cuales, la mayoría defendían a este pequeño y bonito pueblito.

Dentro de todos estos comentarios, hubo uno en específico que me dejó pensando durante un par de días. El comentario no sólo defendía a su pueblo natal, sino que además, en él, el enfurecido autor se quejaba de los turistas y los culpaba de ser los principales responsables de los males que acechan el lugar, que él considera su hogar.

 

Pensé: ¿Qué tan cierta es dicha afirmación y qué tanto se dan cuenta los turistas y viajeros de lo que su presencia significa para los habitantes en un pueblo o ciudad?

 

Los mexicanos (no es bueno generalizar, por esa razón este artículo no va dirigido a todos, sino a quienes les quede el saco) tenemos la mala costumbre de no respetar lo que no es nuestro, por esa razón, cuando viajamos es común que no nos preocupemos mucho por las consecuencias que tienen nuestros viajes.

Lo cómico es que esto suele suceder especialmente cuando viajamos en nuestro país; porque cuando vamos a Estados Unidos o a algún país europeo, nos comportamos bastante civilizados.

 

Probablemente gran parte del problema se deba a que las leyes no son tan estrictas en México y que además, pocas veces somos sancionados si no las cumplimos, o todo se puede arreglar con una mordida (si eres policía o tienes familiares policías no te ofendas, ya sé que no todos son iguales). Todo esto da como resultado que la mayoría de los mexicanos no tomen las leyes tan en serio y, por lo tanto, se hace una cadena interminable de desorden: veo que te vale y te sigo la corriente.

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Jumanji

Creo que una de las claves para respetar los lugares a los que vamos es pensar en los demás y ponernos en su lugar.

 

Imagínate que un día, así de la nada y por alguna extraña razón, deciden que ahora tu casa (no tu ciudad, pueblo, colonia, calle, sino TU CASA) va a ser un destino turístico y que cualquier persona va a poder entrar a cualquier hora, cualquier día del año, sin preguntarte. ¿Qué sentirías?

Ahora, imagínate que todas las personas que empiezan a llegar empiezan a tirar basura, romper muebles, tomar y vomitar por todos lados, hacer del baño en el jardín, gritar, poner música a todo volumen, etcétera, etcétera, etcétera. Qué sentirías?

Casi casi sería como una escena de Jumanji.

 

Muchas veces, los habitantes de los pueblos y ciudades de México pasan por una experiencia similar. Aunque no es en sus casas; cuando por ejemplo, un lugar recibe el título de Pueblo Mágico, Patrimonio de la Humanidad, entre otros, el número de visitas que recibe por año crece exponencialmente y sólo una minoría se ve beneficiada económicamente. Todos los demás, experimentan una sensación similar a la del caos de Jumanji, lo que genera un completo rechazo a los turistas y viajeros.

 

La solución

Cada vez que viajemos, hay que imaginar que el lugar al que vamos es nuestra propia casa y tratarla de esa manera. Así, lo cuidaremos, trataremos de que siempre haya armonía con los demás y de paso, lo disfrutaremos.

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